miércoles, 28 de noviembre de 2012
 

A OJOS VISTA

Pobreza estructural

Pobreza estructural

Mario Mamani Morales.- Existen dos métodos clásicos de medir la pobreza: el coyuntural y el estructural. El primero está relacionado con los ingresos económicos que percibe una determinada población y el segundo toma en cuenta factores como la infraestructura de vivienda, energía utilizada, acceso a la educación y salud. El censo de población y vivienda, llevada a cabo en el Estado, es una forma de evaluar la pobreza a través de las necesidades básicas insatisfechas, NBI.
Se publicita que los resultados del último Censo en el Estado Plurinacional de Bolivia servirán para planificar el desarrollo, distribución económica y la determinación de escaños en la legislatura y se prevé que habrá variaciones de hegemonía regional, se aguarda con expectativa el informe final de la “fotografía” tomada al Estado el último 21 de noviembre.
En relación a la pobreza, siempre se ha dicho que los departamentos más pobres del país eran (o son todavía) Potosí y Chuquisaca, esto en relación al método estructural que toma en cuenta las NBI para clasificar precisamente la pobreza. Con las regalías mineras significativas y las de hidrocarburos es fácil deducir que en ambos departamentos la situación tiene que haber mejorado en los últimos años.
En el caso de Potosí, si se tomara en cuenta la pobreza coyuntural, relacionado con los ingresos económicos, se podría deducir que la población potosina no es pobre porque se advierte el crecimiento del parque automotor costoso, movilidades de último modelo, blindados y asientos forrados con cuero de elefante.
Otra observación lleva a constatar que en otras ciudades con clima benigno, los potosinos construyen inmuebles con arquitectura de buen gusto en relación a las precarias viviendas con que cuentan en la ciudad de origen, esto significa que existe fuga de capital, no se invierte en la tierra natal, sólo se trabaja para hacer dinero y luego marcharse hacia otros rumbos. Este es otro tema que no es el caso de este análisis.
Los últimos censos nacionales demuestran que las condiciones de vida mejoran o tienden a mejorar y con la publicitada estabilidad y crecimiento de la economía de Bolivia, es obvio entender que los resultados serán sorprendentes, además que organismos internacionales que se ocupan de observar el desarrollo humano, señalan que la clase media ha subido significativamente en esta parte del mundo.
El censo de 1976 determinó que la pobreza en la población boliviana alcanzaba al 85,5%, en 1992 el 70,9% de la población era pobre y el año 2001 la pobreza se redujo al 58,6%, según los datos de INE y UDAPE. Esta tendencia de las tres últimas décadas y la situación económica macro permite advertir que la pobreza actual en Bolivia será mucho menos del 50% de la población.
Estos parámetros están en relación a la pobreza estructural, esto significa que el acceso a la educación, atención de la salud, vivienda y servicios básicos son aceptables en nuestro país. ¿Realmente es así? ¿La mayoría de los bolivianos tenemos una vivienda con los servicios básicos? ¿Se viene trabajando en ello? ¿La energía por cable llega a todos los rincones del país? ¿Se ha reducido el uso de la leña, la taquia o yareta para la cocción de los alimentos? ¿Se han multiplicado los centros hospitalarios de al menos primer nivel en todas partes? ¿Cuántos hospitales de tercer nivel existen en cada departamento clasificado como pobre? ¿Nuestro sistema educativo arroja cada vez más profesionales y bachilleres anualmente? ¿Quién logra una licenciatura deja de ser pobre?
Si la forma de medir la pobreza sólo es tomando en cuenta las NBI -que permiten buenos resultados-, sería bueno llegar a trabajar en la medición de la pobreza coyuntural, porque los ingresos económicos de los bolivianos están muy dispersos. Si no veamos la multiplicación de los mercados informales en todo el Estado Plurinacional.
En el censo anterior, 2001, Santa Cruz era el departamento con el menor índice de pobreza, el 38,0% de su población era pobre y el resto del país tenía índices de NBI superiores al 50%; Potosí alcanzaba al 79,7% seguido por Beni con el 76,0% y Pando con el 72,4%, respectivamente. Fíjese que la brecha de mayor pobreza entre Potosí y Santa Cruz era de 41,7%. ¿Habrá mejorado esta situación?
La planificación del desarrollo, orientado al Vivir Bien, tiene que tomar en cuenta la pobreza coyuntural, generar más empleo, pero empleo digno en base a las recomendaciones de la OIT, caso contrario la brecha entre pobres y ricos seguirá siendo más larga.


(*) Mario Mamani es exsecretario ejecutivo de la Federación de Trabajadores de la Prensa de Potosí.