| Martes 17 de agosto del
año 2004 Potosí - Bolivia
La Columna de Perfil
Olimpiadas Vernaculares
Paulovich
Como buen
boliviano todavía en buen estado atlético, sigo con
interés el desarrollo de las Olimpiadas 2004 que se realizan en
Atenas con la participación de doscientas delegaciones
nacionales de atletas de todo el mundo, y he vibrado de entusiasmo al
conocer los triunfos de China, Australia, Japón y Estados
Unidos, entre otros competidores.
Pese a mis buenos deseos, Bolivia no ha ganado aún ninguna
medalla de oro, y al saber que nuestro representante en tiro fue
eliminado me puse muy triste y me pregunté "¿Será
que tiraremos tan mal...?" sin encontrar respuesta a mis angustiada
pregunta, lo que me induce a pensar en que no conseguiremos muchas
medallas de oro.
Y no es que nuestros atletas sean malos, lo que sucede es que yo creo
en que les afecta la altura pues los juegos olímpicos se
desarrollan al nivel del mar, debiendo también anotar como un
factor en contra nuestra el desconocimiento de la lengua griega que es
dificilísima.
Por otra parte, tengo la impresión de que la mayor parte de los
atletas bolivianos, los que nos quedamos en Quillacollo y sus
alrededores, y no quienes se hallan en Atenas, practicamos otras
disciplinas atléticas que no están homologadas por el
Comité Olímpico Mundial, por lo cual sería bueno
organizar nuestros Juegos Olímpicos Vernaculares donde nuestros
atletas conseguirían triunfos espectaculares.
La primera prueba que podríamos realizar con gran éxito
sería las "Jornadas de Resistencia Folclórica" con la
participación de millares de bailarines pertenecientes a todas
las regiones del país y que hasta hoy actúan en
diferentes festividades y cuyo esfuerzo no valoramos por no
considerarlas pruebas de competencia deportiva, desperdiciando
así oportunidades para hacerlas conocer mundialmente pues no
creo que haya en el mundo atletas capaces de bailar no sólo
horas sino días enteros.
Es que debemos hacer conocer mundialmente que en Bolivia existen
atletas bailarines (mujeres y hombres) que somos capaces de bailar
durante siete días seguidos a 3.600 metros de altura sobre el
nivel del mar, que en este caso sería no al nivel del mar sino
"al nivel del bar", pues estos atletas prodigiosos lo hacemos sin
privarnos del alcohol ni de las comidas condimentadas, convirtiendo a
éstas en aliados de nuestras metas olímpicas.
Y no sólo a esa altura sobre el nivel del mar o del bar, sino
también a 4.000 metros como en el caso de los bailes de los
Ch’utillos en la ciudad de Potosí. Como en el caso de los
antiguos griegos no sabemos hasta ahora si nuestros atletas bailarines
son hombres o son dioses.
Todo este primer proyecto que propongo a mis lectores no está
basado en experiencias de resistencia atlética esporádica
sino continuas y casi permanentes, como en mi caso que luego de bailar
en El Alto para la fiesta de la Virgen del Carmen, bailé a
continuación en la festividad de Santiago Apóstol en
Guaqui, para continuar inmediatamente bailando en la Entrada
Universitaria de La Paz, para seguir bailando en la fiesta de
Urkupiña.
Mientras duren las Olimpiadas en Atenas, les hablaré de otras
pruebas que contemplarán nuestras Olimpiadas Vernaculares.
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